Evadido de la dictadura

(Traducción española del artículo de Eno Santecchia “SFUGGITO ALLA DITTATURA”)

    En el 2004 tuve el gusto de conocer personalmente al Prof. Duilio Biancucci: sociólogo, filósofo, docente universitario y sacerdote. Intentaré narrar su vida y bosquejar su figura.

    Nació en Italia, en “Monte San Pietrangeli (LM)”, el 18 de febrero de 1928; pocos meses después sus padres emigraron a la Argentina, a la Provincia de Río Negro, donde colonos italianos de Villa Regina (Alto Valle del Río Negro – NO de la Patagonia) se dedicaban a la agricultura. En 1938 su padre inicialmente alquiló y luego construyó un pequeño hotel en San Carlos de Bariloche, centro turístico cercano a la frontera con Chile.

    A los 11 años los padres lo mandaron a estudiar al Colegio Salesiano San Miguel de A. Steffenelli (General Roca); posteriormente Duilio se trasladó al seminario menor de Fortín Mercedes, donde frecuentó la escuela primaria, el noviciado y el magisterio, llegando a ser salesiano de Don Bosco.

    En 1950 viajó a Turín, en donde cursó estudios teológicos y fue ordenado sacerdote; ahí mismo hizo estudios de filosofía. Luego de un breve tiempo de trabajo en la Argentina, retornó a Italia, y en 1966 obtuvo la licenciatura en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Desde 1967 a 1970 estudió Sociología en la Universidad de Lovaina (Bélgica), graduándose de licenciado y obteniendo además una beca de estudio; en aquel período, durante las vacaciones, cubría suplencias en la parroquia de Solingen (Alemania).

    En 1970 volvió a la Argentina y se desempeñó en el Instituto Superior del Profesorado “Juan XXIII” como profesor de Filosofía y de Sociología, y en la Universidad Nacional del Sur como profesor de Sociología, hasta 1973 en ambos Centros de Estudios Superiores.

    Muy pronto tomó a pecho las cuestiones sociales sobre el subdesarrollo y sobre los pobres; en un escrito traza el escenario político y económico en el cual se desenvolvieron sus estudios y sus vicisitudes en tierra argentina, a partir de la Conferencia de Bandung (Indonesia) realizada en 1955, cuando se comenzó a hablar de subdesarrollo. Después de la publicación de la encíclica “Populorum Progressio” (1967) del Papa Pablo VI, la cuestión social llegó a tener alcance mundial.

    En aquellos años América del Sur es un fermento religioso, y él percibe claramente la fuerte resistencia a la renovación en la Iglesia Argentina. Duilio realizó varios viajes a Gran Bretaña, Francia, Israel, y América Latina (a Nicaragua, Guatemala, Perú y Brasil). Su interés por los pobres y necesitados no pasó desapercibido a los conservadores y a los militares de inspiración maccarthista, para quienes defender a los pobres significaba ser comunista. Se desempeñó como catedrático en la Universidad pública de Luján. Anteriormente no había podido enseñar sociología en la Universidad de Comodoro Rivadavia; si hubiese asumido la cátedra los militares habrían retirado los recursos que se otorgaban a aquel Ateneo.

    En Bahía Blanca, la mañana del domingo 11 de octubre de l970 ocurrió el hecho que marcó profundamente su vida. Unos días antes, el sacerdote Alberto Carbonetti había sido acusado injustamente por los militares de ser comunista por haber tomado parte en atentados terroristas; quienes lo conocían sabían muy bien que tales acusaciones carecían de fundamento. En aquel domingo, Duilio, que prestaba colaboración en la catedral de Bahía Blanca – sin citar el nombre del colega – dijo: “ … también corresponde a justicia respetar el buen nombre de los ciudadanos, añadiendo que antes de condenar deben escucharse todas las partes y: “todos somos inocentes hasta que no se demuestre nuestra culpabilidad”.

    Plenamente consciente de que al hablar de justicia y de problemas sociales arriesgaba ser acusado de comunista, grabó el sermón en un pequeño grabador de cinta: nada ocurrió, pero alguno ya había ido a pasar información. Duilio celebró asimismo la misa siguiente de las 11,00, en reemplazo del P. Benito Santecchia. A poco del inicio vio a tres hombres acercarse al altar por el pasillo central. Aunque le pareció raro, Duilio continuó impertérrito; los tres señores se llegaron hasta el presbiterio  y a un par de metros del púlpito uno de ellos tomó el micrófono y dijo: “Hemos venido a escuchar la Misa y no, el elogio del delito.” Los fieles del fondo del templo no escucharon bien, y, temiendo un atentado, comenzaron a salir precipitadamente; a continuación los tres hombres se retiraron y la celebración concluyó. Después se supo que eran dos oficiales y un militar de la Marina.

    Los militares solicitaron al obispo que no permitiese más a Duilio predicar en la catedral, pero el diocesano no le dirigió crítica alguna ni directa ni indirecta sobre aquel sermón. Al no lograr su intento hicieron presión sobre los sacerdotes de la catedral y sobre los del templo salesiano “Sagrado Corazón de Jesús”, los cuales … “no tuvieron desde ese momento la colaboración de Duilio”, el cual durante un año permaneció sin poder celebrar en público y se vio obligado a trasladarse a Buenos Aires.

    El 22 de agosto de 1972 la prensa publicó la noticia sobre la muerte de 115 terroristas en Trelew (Patagonia Central) que en un intento de fuga habían sido eliminados por la Marina; por testimonio de dos sobrevivientes Duilio llegó a saber que los ajusticiaron en forma sumaria con armas automáticas.

    Convocado por el General del Ejército Ceretti para un encuentro con el Comandante de la Base Naval de Puerto Belgrano, al Prof. Duilio Biancucci no le faltó coraje de decir claramente lo que pensaba y que tenía conocimiento de la existencia de un “grupo” encargado de combatir las organizaciones católicas.

    En 1973 Duilio Biancucci publicó el volumen “El otro rostro del subdesarrollo”, y, en el año siguiente “Introducción a  sociología”.

    Con el golpe de estado del 24 de marzo de l976, comandado por el general Jorge Videla todas las universidades argentinas  fueron sometidas al control directo de las fuerzas armadas; a fines de abril Duilio fue suspendido en la cátedra de Sociología.

    La misteriosa desaparición de personas (los “desparecidos”), iniciada ya en 1970 durante el gobierno de Isabel Perón, llegó a ser sistemática después del golpe; en el aparato represivo se destacó la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), transformada en un inhumano centro de detención clandestina y de tortura, por donde pasaron 50.000 perseguidos, de los cuales sólo salieron con vida cerca de 300. Hoy,  ese campo de exterminio es un lugar de la memoria para la promoción y la defensa de los derechos humanos.

    Por ser sociólogo y docente universitario comprendió perfectamente las profundas heridas y las laceraciones que la dictadura autodeterminada “Proceso de Reorganización Nacional” ocasionó a la sociedad y también a la Iglesia Católica. Para obtener aclaraciones, el 18 de mayo de 1976, Duilio escribió a cada uno de los tres miembros de la junta militar (Massera de la Marina, Agosti de la Aeronáutica, y Videla del Ejército y al mismo tiempo Presidente de la Nación) y a la Universidad, pero no obtuvo respuesta alguna. En un clima tan inseguro y peligroso, en el que se sabía de ciudadanos desaparecidos, docentes torturados, sacerdotes asesinados, y obispos muertos en misteriosos accidentes de tránsito, transcurrió un interminable período temiendo por su incolumidad, y la de sus padres y parientes.

    Después de cinco meses de ocurrido el golpe de estado, Duilio se dio cuenta de ser “persona no grata” (más aún, persona considerada “peligrosa” por los golpistas). Se encontró con dos abogados que habían sido alumnos suyos en el Colegio Secundario Salesiano de Bahía Blanca, que le sugirieron buscarse refugio en el exterior antes de acabar en la cárcel o en la lista de los “desaparecidos”. Finalmente, el 29 de agosto de 1976 logró subir la escalerilla del avión de Lufthansa que lo llevó de Buenos Aires a Frankfurt.

    En los primeros días de noviembre recibió una carta de la hermana, que permanecía en la Argentina, con recortes de diarios que reportaban noticias de las órdenes de captura emitidas en contra de 28 profesores de la Universidad de Bahía Blanca y de muchos otros Institutos Superiores; entre tales nombres figuraba también el de Duilio. Había incluso informaciones de los cargos que se le hacían, en particular el hecho de propagar y promocionar libros de orientación marxista, recomendando la lectura de “El materialismo dialéctico” de Gustav Weter y de “La pedagogía del oprimido”  de Pablo Freire. Tuvo la precaución de cambiar de nombre, de otro modo la “longa manus” de los servicios secretos argentinos podrían alcanzarlo también en Alemania;  hipótesis confirmada por el hecho de que, casi de inmediato, desde el Consulado argentino de Düsseldorf le informaron que para … renovar su pasaporte debía trasladarse a Buenos Aires (¡!).  

    Pocos días después de haber recibido los recortes periodísticos, Duilio escribió ingenuamente al Ministro Argentino del Interior (y de seguida también al de Educación) (¡!) … ¡Cuándo los altos funcionarios respondieron a un perseguido!

    Su excesiva buena fe me induce a una amarga reflexión: las dictaduras a las disquisiciones intelectuales prefieren las represiones (mejor aún si inobservadas), métodos que suelen pagar caro quienes no los examinan o quienes insisten en medirlos con los criterios de la legalidad.

    En l982 publica “Cultura y religiosidad popular”, en 1985 “Tercer mundo nuestro mundo” y en 1987 “Introducción a la teología de la liberación” ; se desempeña como docente en las Universidades alemanas de Paderborn y de Wuppertal, y da conferencias en Hamburgo, en Dresde y en Postdam, en ese entonces República Democrática Alemana”. El prof. Biancucci habla español, italiano, alemán, francés e inglés.

    Hoy algunos responsables de aquella dictadura han sido condenados incluso en Italia, y se sabe que el período 1976-1983 está considerado como de profundo terror o también como “los años de plomo”, y que ha costado cerca de 30.000 desaparecidos, entre los cuales 500 niños, y dos millones de exiliados.

    En una entrevista, el periodista Paolo Maccioni subraya que los militares contaron con complicidades transversales y con patrocinadores extranjeros; recuerda al escritor y periodista  Rodolfo Walsh, víctima de aquel régimen, quien sostenía  que la mayor atrocidad fue cometida en el campo económico: millones de argentinos fueron condenados a la miseria planificada. De modo tal que los estudios e investigaciones del prof. Duilio Biancucci, un profesional no homologado, adquieren la dimensión  que les compete por su condición de sociólogo. 

    Para evitar que los jóvenes se sometan en el futuro a cualquier nueva dictadura, el Prof. Duilio Biancucci sugiere: “Interésense seriamente por la organización de la vida social.”

    Su intensa vida no puede ser encerrada en  mi semblanza; habría mucho más que de decir.     

(Copyright  de Eno Santecchia)

(Traducción  de Heriberto Santecchia   -  Bahía Blanca, Argentina   -  junio de 2015.)